
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.
Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre.
Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán.
Por lo tanto, estén en vela, porque no saben qué día vendrá su Señor.
Comprendan que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa.
Por eso, estén también ustedes preparados, porque a la hora que menos piensen viene el Hijo del hombre».
Palabra del Señor.
El Adviento nos invita a despertar. Jesús nos dice: «Estén en vela, porque no saben qué día vendrá su Señor». No es una advertencia del miedo, sino un llamado urgente a mantenernos despiertos ante la vida, atentos a lo que sucede a nuestro alrededor, a los signos de los tiempos.
En el Perú de nuestros días, este llamado tiene una resonancia profunda. Vivimos tiempos difíciles y en una sociedad que muchas veces parece dormida: anestesiada por el hartazgo, la desconfianza, o las distracciones que nos ofrece la tecnología, la política convertida en espectáculo y el ruido constante de las redes. Jesús nos habla precisamente a nosotros, a esta generación saturada de información, pero escasa de atención y de acción. Nos dice: no se distraigan, no vivan como si nada pasara, no se acostumbren a la corrupción, la desigualdad, la violencia o la destrucción de la casa común.
El Evangelio compara nuestra actitud con la gente del tiempo de Noé: todos seguían con su vida cotidiana —comiendo, bebiendo, casándose— sin darse cuenta del diluvio que se avecinaba. También nosotros, si no estamos atentos, podemos despertar un día en un país que ya no se parece más al que vivimos o en un planeta herido más allá de la reparación.
Estar «en vela» hoy significa ejercer la conciencia y la responsabilidad. Significa abrir los ojos a lo que realmente importa: la justicia, la verdad, la solidaridad, la defensa del medio ambiente, el respeto por la vida. Estar en vela no es vivir con miedo, sino vivir con lucidez. No es esperar pasivamente, sino actuar con esperanza, siendo parte activa del cambio que anhelamos.
Que esta primera semana de Adviento nos encuentre despiertos y comprometidos, capaces de leer los signos de nuestra historia y de responder con amor, responsabilidad y decisión. Porque el Señor viene, sí, pero también ya está viniendo cada vez que luchamos por un mundo más justo, más humano y más fraterno.
Y si no permanecemos atentos, puede que —como en tiempos de Noé— el diluvio de la indiferencia arrastre todo lo que hemos construido como sociedad.
